Arequipa La Horrible

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En 1964, Sebastián Salazar Bondy publicó su famoso ensayo Lima la horrible. Contrariamente a lo que muchos puedan imaginar, esta no es una denuncia del caos, el desorden, la suciedad, la inseguridad o cualquiera otra de las características propias de una megalópolis que nuestra capital comparte, quizás de manera acentuada. Todo lo contrario. Lo horrible de Lima, según Salazar Bondy, es (o era, porque Lima ha cambiado mucho desde entonces) su apego a la “arcadia colonial”, a la idea romántica de la Colonia como la época dorada de la ciudad, cuando la armonía, la fiesta, y los amores cortesanos eran la única preocupación de sus habitantes, como nos lo ha contado Ricardo Palma en sus varios tomos de Tradiciones Peruanas. Lo horrible de Lima es su estúpida nostalgia por los “buenos tiempos”, su intencionado olvido de las exclusiones sociales del pasado y el presente, su criollismo mentiroso que legitima y estetiza el status quo, mientras que detrás de bambalinas la oligarquía sigue atenazando con mano de hierro a los trabajadores. Lima la horrible es una apasionada y furiosa invectiva contra la plutocracia que destila una conveniente ideología de lo “criollo” y lo “colonial” para proteger y disimular sus intereses.

Pero Lima ya no es tan horrible, como apuntaba con lucidez el crítico Abelardo Oquendo el mismo año de publicación del ensayo: “Los viejos mitos, los antiguos temores pierden vigencia. Hay un espíritu distinto que se revela ya formado y dando frutos maduros en las generaciones jóvenes, en sus denuncias.” La adquisición de una conciencia social que ya no cree en el antiguo mito, las luchas y conquistas de las clases marginales han contribuido a cambiar la ciudad. Pero sobre todo, lo que Oquendo no llega a señalar, pero que ya Enrique Congrains retrataba por la misma época en sus cuentos: la migración. Esos miles y miles de personas que en los 50, en los 60, en los 70 y en todas las décadas fueron instalándose en la ciudad y terminaron por cambiarle totalmente el rostro. Lima Norte, Lima Sur, Lima Este son otras Limas que han terminado por tragarse al Centro, resquebrajando la mirada colonial y cercando a los otros distritos más afluentes.

Claro que la ideología denunciada por Salazar Bondy se resiste a morir. La prueba de ello es cómo el adjetivo de “horrible” ha tomado un sentido totalmente opuesto al planteado por su autor, y suele citarse para referirse al caos urbano en alguna de sus múltiples manifestaciones. El caos, que sólo puede ser tal, que sólo puede ser “horrible” para alguien instalado mentalmente en la comodidad del orden, de la limpieza, de la tranquilidad, en suma, del lujo. Aunque ya Hernando de Soto haya señalado hace décadas el potencial de la economía informal, y aunque los “conos” cada vez estén más integrados al circuito de consumo, Lima la horrible, cuando se desenfunda el adjetivo, que cada vez ocurre menos, ha terminado por ser la Lima chola y no la aristocrática.

Arequipa, hoy, se encuentra más o menos en la misma situación en que se encontraba la capital hace medio siglo. La “blanca ciudad” hace tiempo que es un abigarrado conjunto que se extiende más allá de sus históricas construcciones de sillar y también de las aplicaciones ornamentales de la misma piedra con que la burguesía arequipeña suele distinguir su arquitectura. La “república independiente” fantaseada por los hacendados del siglo XIX hace mucho que se subordinó económica y culturalmente al centralismo limeño y hace mucho también que estableció profusos lazos de intercambio con sus vecinos. Arequipa también ha recibido por décadas una migración masiva que ha extendido los confines de la ciudad, alterado sus usos y costumbres, y corroído el neumático orgullo de los tradicionalistas.

Arequipa es horrible cuando se cree el cuento de la arcadia colonial en versión regionalista, y empieza a hacer estúpidas distinciones entre “verdaderos” y “falsos” arequipeños. Cómo si el simple hecho de vivir en la ciudad, recorrer sus calles, quemarse con su sol y mojarse con sus lluvias no fuera suficiente para obtener carta de ciudadanía, para recibir el famoso “pasaporte”. Arequipa es horrible cuando atribuye dudosos valores de limpieza, y honorabilidad sólo a un grupo de personas que, sospechosamente, coincide con los de mayor afluencia; mientras lanza al resto acusaciones de suciedad, deshonestidad y hasta de mala pronunciación. Arequipa es horrible cuando prohíbe o restringe las sayas en su corso por no ser un baile “auténticamente arequipeño”, cuando, para decirlo con toda claridad, se habla con increíble facilismo de la “invasión” de los puneños, cuando se tapa su respingada nariz y cierra los ojos para no ver al otro que hace tiempo comparte los espacios con ella. Arequipa dejará de ser horrible no con más intercambios viales y monumentales malls, sino cuando nos saquemos la neblina de los ojos y miremos realmente la ciudad; cuando entendamos que lo que fuese que había allí treinta o cuarenta años atrás, ya no está más, y que Arequipa no es “auténtica” sino multicultural y diversa, como tantas ciudades de este nuevo siglo; cuando entendamos que no hay una sino muchas formas de ser arequipeño, y ninguna mejor que otra. Si tanto queremos a nuestra ciudad, y tanto celebramos su belleza, dejemos de ser unos horribles arequipeños.

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Acerca de jdetaboada

Arequipeño. Sanmarquino. Doctor en Literatura en Harvard University. Especialista en cine latinoamericano. Profesor en UPC e Investigador en Casa de la Literatura Peruana. Miembro fundador de AIBAL. Email: jdetaboada@yahoo.com.ar
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3 respuestas a Arequipa La Horrible

  1. Sabrina dijo:

    Hoy fue el dia de la madre, regrese a Arequipa hace 8 años y quería llevar a mi familia a un dia de campo, preparamos comida y queríamos hacer una caminata, fuimos a Congata, nada, puras casas y casas. Bueno sabandia, un desague de la calle inundaba con su edor, maneje y maneje y llegamos a Characato bajo un sol, horrible, que horrible, Arequipa es muy fea, no hay lugares lindos para sentarse y comer un bocadillo, hay muchas casas de construcciones horribles, muchos carros y la gente no es amable, nunca sonríen. En fin encontramos un lugarsillo, y luego queríamos tomar un café, fuimos a un restaurant, pero allí hay siempre alguien que toca una guitarra tan mal, que me gustaría pagarles para que no lo haga más, Arequipa, se a convertido en un lugar tan feo, llego de construcciones y nadie se ha preocupado por hacer lugares para que los que quieran disfrutar bajo un árbol puedan sentarse a tomar un bocadillo.

  2. para que haya alguito original en el arte de Arequipa van a tener que pasar por lo menos 20 años… es un pueblito moralista y chauvinista nomas como muchos… no hay que darle tanta importancia a algo que no vale la pena

  3. David dijo:

    Arequipa dejara de ser horrible también cuando los que estén vinculados a la comunicación en cualquiera de sus formas salgan del closet, entre otras cosas.

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