Atacada: la teoría del dolor

atacada

Javier de Taboada

SPOILER ALERT: Esta reseña revela puntos importantes de la trama

¿Por qué la teoría del dolor? Intrigante subtítulo. ¿Por qué no Atacada a secas? Intentaremos responder esta pregunta.

En una escena de la película, la abogada de la víctima lanza un speech al jurado como un discurso culminante –que no fulminante- de su defensa en donde dice que una mujer violada es la teoría del dolor. Pero el discurso es pobre, retórico y no aclara nada (el discurso de la abogada del violador, en cambio, es estupendo). No es aquí donde se puede hallar la justificación del título. Sino en el esquema del film, en su plan para responder una pregunta orientadora y teórica: ¿Qué alternativa tiene una mujer víctima de violación? La película se divide en tres partes:

a) Andrea y el dolor. En esta parte se narra la violación propiamente dicha, y quizás sea la más lograda de la película. Erika Villalobos está acertada en trabajar a partir de la contención y represión de las emociones y no de la expansión sentimental. Su actuación es poderosa, en general, a lo largo del filme. Por otro lado, el montaje paralelo, a veces vertiginoso (como en la fiesta/partido de fulbito) funciona y le da a la película la aceleración de la tragedia inminente. La escena de la violación acierta en el contraste entre una relación consentida y otra no consentida, y en presentar la agresión en forma un tanto anodina, sin muchos planos de detalle ni excesivo dramatismo. Esto es algo, es el mensaje, que le podría pasar a cualquiera, y opta por no dejar espacio para la ambigüedad en la conducta reticente de la víctima, que no provoca en ningún momento a su agresor. Desacierta, en cambio, y mucho, en la exploración de las relaciones personales con el novio y el padre, que quedan en mero esbozo y luego son olvidados cuando la cinta ingresa al segundo tramo.

b) Andrea y la justicia. En la épica lucha de David contra Goliat, de la acusación de una pobre secretaria a uno de los empresarios más poderosos del país, todo estaba encarrillado en los rieles del courtroom drama de Hollywood y esperábamos ver cómo Andrea logra lo que parecía imposible y hace justicia. Pero aquí es donde la película –y su teoría- empieza a jugar con el espectador. Tratando de evitar estereotipos, seguramente por considerar que una victoria de Andrea sería poco realista, cliché o demasiado hollywoodense, el director opta por defraudar nuestras expectativas (poco justificadas por la realidad, pero muy justificadas por las convenciones genéricas que se ponen en juego) y ofrecer un desenlace ‘realista’ en el que Andrea resulta derrotada en forma aplastante con testigos comprados, evidencia desaparecida y traiciones de los que parecían aliados. El maligno poder del dinero. El problema es que esta solución es moralmente demasiado devastadora y paralizante y el director se da cuenta que no puede terminar con tan profundo anticlímax. Despliega entonces la segunda parte de su teoría: ¿qué otra cosa podría hacer una víctima?

c) Andrea y la rabia. O sea, la venganza pura y dura. No, por supuesto, a cargo de Andrea (que no es Lady Vengeance ni Kill Bill), sino de “Los Primos”, una banda delincuencial que actúa como aliados no solicitados que toma a cargo la brutal tarea de hacer justicia por su propia mano. Aquí y aquí la crítica observa correctamente que el extremo de la violencia es tal que se acerca al gore (el blogger El Pirata menciona Hostel y Juegos Macabros), pero se equivoca completamente al pensar que hay una justificación de la violencia en la película. No. Se trata, nuevamente, de manipular las expectativas del espectador. Rodrigo Bedoya en realidad da con la llave, pero nunca llega a abrir la puerta: “lo que incomoda es ese regodeo alejado de cualquier tipo de delirio o absurdo”. Y si incomoda es porque así lo quiere el director, que nos incomodemos, que nos sintamos visceralmente mal con la violencia que hemos pedido y deseado, asume las consecuencias de la perversidad de tu deseo, parece decirnos.

Hasta ahí la teoría de la película, y su inteligencia. Veamos ahora su torpeza.

Si se trataba de evitar clichés, bien se pudo haber evitado aquel de que el dinero lo compra todo, o más exactamente, de que la dignidad no se compra con dinero. La escena en que la familia y sus abogados le ofrecen una Andrea una compensación bastante ventajosa, tiene seguramente por objeto mostrar su dignidad inconmovible. Pero la película parece no darse cuenta, torpemente, ciegamente, de que el final de su esquema revierte en este punto. La justicia no es una solución, la venganza no es una solución, ¿cuál es la solución? La plata, el arreglo, la coimisión. Y la absurda moraleja de la película termina siendo esta: si te violaron, y tienes la inmensa fortuna de que te ofrezcan plata para comprar tu silencio, acepta al toque, pero ya, no te detengas a pensarlo, porque si dejas pasar la brillante oportunidad, igual te quedarás sin nada, pero además matarás a tu padre y a tu novio, te tratarán de puta, te meterán en la cárcel. Acepta nomás, obcecación es otro nombre de la dignidad.

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Acerca de jdetaboada

Arequipeño. Sanmarquino. Doctor en Literatura en Harvard University. Especialista en cine latinoamericano. Profesor en UPC e Investigador en Casa de la Literatura Peruana. Miembro fundador de AIBAL. Email: jdetaboada@yahoo.com.ar
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Una respuesta a Atacada: la teoría del dolor

  1. Yo no la he visto, tío, pero ya me dio ganas. Gracias por la crítica (que la leí completa).

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