El Perú en el Ulysses de Joyce

ulysses peru En el capítulo 16 del Ulysses, Leopold Bloom y Stephen Dedalus, después de una larga y delirante noche, recalan en un cafetín llamado El Refugio del Cochero, para tomar un café con panecillos en medio de un grupo nutrido de noctámbulos, abandonados, vagabundos “y otros borrosos ejemplares del genero homo“, que los miran con marcada curiosidad. Se les acerca un marinero de barba roja, llamado W.B. Murphy, quien comienza a platicarles. Interpelado para que cuente las cosas raras que ha visto alrededor del mundo, se lanza: “He visto a un cocodrilo morder la punta de un ancla igual que yo masco este tabaco. […]¡Jaam! Así.” Y a continuación agrega: “Y he visto caníbales en el Perú que se comen los cadáveres y los hígados de los caballos. Miren aquí. Aquí están. Me lo mandó un amigo.” En la postal que saca del bolsillo no se representa lo que acaba de describir, sino “un grupo de mujeres salvajes en taparrabos rayados, en cuclillas, haciendo guiños, amamantando, frunciendo el ceño, durmiendo, entre un enjambre de niñitos […].” La postal tiene una etiqueta impresa que dice: Choza de indios. Beni, Bolivia. Es curiosa la forma en que aparece nuestro país en esta gran obra de la literatura moderna. Por un lado, simboliza el colmo de lo exótico y lo salvaje, pues el canibalismo es la marca por excelencia de lo primitivo, de lo bárbaro, es la frontera de lo humano con lo no humano. No deja de ser peculiar que se asocie como un acto del mismo nivel (mediante el coordinador simple “y”) el comer hígados (se sobrentiende, crudos) de caballos. El canibalismo como descalificación del otro, basada en prácticas ya sea verdaderas o falsas, aparece en la relación entre Europa y América desde el mismo Colón. Por otro lado, todo este asunto de canibalismo es un cómico y absurdo equívoco, primero porque la “prueba” ofrecida no muestra ningún acto semejante, sino lo cotidianeidad de los “primitivos”; y segundo porque la escena fotografiada no corresponde al Perú, sino al noreste boliviano. ¿Hay alguna diferencia -desde Irlanda- entre Perú y Bolivia? ¿Son solamente nombres intercambiables -sinónimos- de lo primitivo? El equívoco continúa cuando Murphy pasa a relatar su experiencia antropológica: “Mascan coca todo el santo día -añadió el comunicativo lobo de mar-. Tienen los estómagos como ralladores de pan. Se cortan las tetitas cuando ya no pueden tener más hijos. Ahí las ven en pelota comiéndose crudo el hígado de un caballo muerto.” Luego comunica que la forma de atemorizarlos es el cristal. Además de ofrecer información tendenciosa sobre las costumbres nativas (la mención de la coca es curiosa y cabe especular que Joyce haya conocido a Ventura García Calderón en francés, aunque puede haber muchas fuentes), el marinero insiste en ofrecer la prueba documental errónea y equívoca. En todo caso, la imagen -y el tema- es suficientemente llamativa para capturar la atención del auditorio: “La postal resultó ser un centro de atracción para los inexpertos caballeros durante varios minutos, si no más.” Si bien la historia del marinero no hace más que confirmar los prejuicios del público local, el protagonista, Leopold Bloom, no es tan fácil de engatusar, ya que toma la postal,  le da vuelta, y descubre el siguiente dato manuscrito en el destinatario: Tarjeta Postal. Señor A. Boudin, Galería Becche, Santiago, Chile. Como en la expresión peruana de no creerle a alguien ni su nombre, todo es falsedad y equívoco en esta historia sobre el Perú. ¿Acaso Murphy es en realidad Boudin, francés afincado en Chile, o incluso, chileno? ¿O quizás -más probable- Murphy la recibió, o incluso la robó de un individuo con ese nombre? En cualquier caso se pone en cuestión tanto el narrador como las pruebas que presenta, y por tanto, el contenido de sus afirmaciones. Esto mismo expresa Bloom en su monólogo interior mientras revisa la postal: “Aunque sin ser implícito creyente en el atroz relato narrado, habiendo detectado una discrepancia entre su nombre y el ficticio destinatario de la misiva lo cual le hizo abrigar algunas sospechas sobre la bona fides de nuestro amigo, sin embargó ello le recordó…” y allí el pensamiento se extravía imaginando viajes primero a Londres, y luego a otras ciudades más cercanas y accesibles. Podría decirse pues que esta breve aparición peruana en el Ulysses lleva el signo de lo exótico, el color de los relatos maravillosos en lejanas partes del mundo a los que sólo barbudos marineros pueden acceder; pero no se engaña con respecto a la cadena de equívocos en que están basados tan pintorescos relatos. Y Bloom, como en toda la novela, está un poco por encima de sus congéneres en capacidad de observación. pd. No pude revisar El sol de Lima ni Peruanos de ficción, así que pido disculpas anticipadas si repito aquí alguna de sus observaciones

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Acerca de jdetaboada

Arequipeño. Sanmarquino. Doctor en Literatura en Harvard University. Especialista en cine latinoamericano. Profesor en UPC e Investigador en Casa de la Literatura Peruana. Miembro fundador de AIBAL. Email: jdetaboada@yahoo.com.ar
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