El buen Pedro (2012)

buen pedro

Javier de Taboada

Quizás muchos no lo sepan, pero existió un asesino serial en el Perú. Se le apodó “El Apóstol” por tratarse de un asesino moralista, que pretendía “limpiar” la sociedad matando drogadictos, prostitutas y homosexuales e incluso pretendía recibir órdenes directas de Dios. Se le capturó en 2006 después de cometer por lo menos 17 asesinatos en un periodo de un año, todos ellos en la provincia de Huaral, y muchos en un radio de pocas cuadras. Actualmente está en prisión.

Algunos estudiosos han planteado que el asesino serial es un tipo de criminal que ocupa un primer plano en sociedades como la norteamericana (no solamente hay una gran cantidad cantidad de películas, novelas y cómics en este género, sino que también las historias de los asesinos verdaderos, true crime, se venden y consumen no menos que los anteriores) donde predomina un individualismo exacerbado; mientras que en sociedades como la del comunismo soviético, los crímenes políticos eran los únicos visibles, tanto así que un asesino como Andrei Chikatilo pudo pasar prácticamente desapercibido. Al igual que en el Perú, en donde solamente un individuo con evidentes trastornos mentales y escasa capacidad de desplazamiento geográfico pudo ser identificado. Identificar a un asesino en serie implica poder conectar episodios inconexos mediante recursos que no todas las policías del mundo tienen a disposición.

Pero otra cosa es el cine sobre serial killers, que por tratarse de un género cinematográfico y no de la realidad podría practicarse perfectamente en el Perú. Así se animó a hacerlo El buen Pedro en 2012, y más recientemente Muerte en los Andes, que ya comentamos; pero también, desde el cine regional, películas como Secuelas del terror y Extirpador de idolatrías.

El Buen Pedro tiene dos historias paralelas: la del asesino, y la del policía. El crítico Carlos Esquives hace un muy buen trabajo de caracterización de los dos protagonistas (que nunca llegan a ser antagonistas):

Pedro (Miguel Torres-Böhl) vive la rutina de un solitario, personaje huraño e introvertido. El perfecto perfil de un obseso metódico y estratégico, de horarios programados y acciones limitadas, gestualidad neutralizada y apática, vistiendo siempre camisas blancas y pantalones oscuros, sin biografía o fuente que lo delate más allá de lo que manifiesta en su horario de trabajo o como inquilino. Gabriel (Roger del Águila) es el eterno depresivo. Un detective de la policía descontento con su oficio, con principios de alcoholismo, tanático, frágil y sentimental, inseguro, celoso y enfermizo. Un personaje que parece haber tocado fondo y del que no hace el mínimo esfuerzo por salir, rescatarse o ser rescatado de su propio abismo.

La primera línea narrativa (el asesino) es sostenida, aunque no llegue a ser inquietante, pero si no con miedo, por lo menos seguimos con interés el decurso del asesino metódico que pone su reloj de alarma a las 2:00 am para salir a cometer sus crímenes. Jamás sabremos si es un placer sádico o una repulsión moralista lo que lo impulsa a acuchillar a las prostitutas, pero es convincente su retraimiento de todo cuanto le rodea, la buena elección de la escenografía y la iluminación logran esbozar una psicología, y la escena climática en donde los “amigos” y las prostitutas contaminan su departamento impoluto, parece lograda.

Spoiler alert

En cambio, el policía no parece estar interesado ni en condiciones de iniciar la menor pesquisa, ahogado en el alcohol y en sus problemas, al borde del suicidio y del homicidio pasional, languidece a lo largo de toda la película, pronuncia algunas líneas semidormido, explota sin mayor justificación y, aunque al final de la película recupera milagrosamente la capacidad verbal y motriz, la “huida” final del asesino no resulta una sorpresa o una variante dentro del género, sino sólo la confirmación de la ineptitud total de este agente del orden. Puede rescatarse el papel de Carlos Álvarez como un jefe acriollado y gritón, la vena locuaz del cómico funciona en este papel levemente dramático.

Con un acabado estético correcto, aciertos en la escenografía y el montaje (por ejemplo la escena en que los pies de la prostituta en el carro se conectan con esos mismos pies siendo arrastrados por la tierra después del elíptico crimen), y algunos errores gruesos en el planteamiento y desarrollo de la historia, El buen Pedro inaugura el cine de serial killer en nuestro país.

Disponible en Polvos Azules en DVD original a 10 soles.

 

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Acerca de jdetaboada

Arequipeño. Sanmarquino. Doctor en Literatura en Harvard University. Especialista en cine latinoamericano. Profesor en UPC e Investigador en Casa de la Literatura Peruana. Miembro fundador de AIBAL. Email: jdetaboada@yahoo.com.ar
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