La última noticia

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¿Grupo Chaski?

El Grupo Chaski escribió algunas de las páginas más significativas de la historia del cine peruano en la década de los 80. Inspirado en los innovadores planteamientos del Nuevo Cine Latinoamericano de los 60 (también llamado Tercer Cine), se conformó como un colectivo cinematográfico, en clara oposición a la filosofía del auteur, es decir, del director de cine como astro creador alrededor del cual giran todos los elementos de la película, modelo mayoritario del cine europeo e independiente, llamado en los sesentas, el Segundo Cine (el Primer Cine, el industrial de Hollywood, quedaba fuera de las posibilidades del cine peruano). El Grupo Chaski entendía la producción cinematográfica como una actividad colectiva y colaborativa (en vez de la subordinación de los técnicos al director propia del Segundo Cine), y al ser de izquierda, la colaboración se extendía hacia los sectores sociales que se querían representar en el cine. En Gregorio y Juliana el trabajo con la comunidad y el respaldo testimonial de las historias fue tan importante que ha logrado confundir incluso a un notable intelectual peruano, quien las considera películas documentales.

Después de la muerte de Stefan Kaspar, el director ejecutivo del grupo, en 2013; Alejandro Legaspi aparece con La última noticia, donde asume la dirección y comparte el guión con René Weber, ambos miembros fundadores del grupo. Pero al cine de Chaski  le ocurre lo que le ocurrió al Tercer Cine: se vuelve cine de autor, Segundo Cine. En ese sentido, La última noticia es más una película de Alejandro Legaspi que del grupo Chaski.

Los planteamientos originales del grupo se mantienen al partir de un caso real, el del periodista Jaime Ayala, locutor de radio y corresponsal de diario que “desapareció” el día que fue a la base militar de La Marina a exigir explicaciones por el maltrato a su familia; sin embargo, el director aclara que:

“El personaje de Alonso fue inspirado en un comienzo en Jaime Ayala; claro que después cuando empiezas a escribir y a elaborar el personaje se va alejando de lo que le sucedió a Jaime y se va transformando en Alonso.” Encinta

Si bien la película se rodó en Ayacucho (ficcionalizado como Yurabamba), y si bien dentro de ella se insertan algunos testimonios, la película, como dice Manrique, “opta decididamente por el cine de ficción.” La promoción de la película fue la propia del cine peruano de autor. Por lo pronto, un documentalista como Ernesto Cabellos parece más cercano a los orígenes del Grupo Chaski que sus miembros actuales.

El planteamiento (con algunos spoilers)

La película cuenta el conflicto armado interno a través de dos amigos: un locutor de radio que crea un noticiario en una radio que sólo transmitía música andina; y un maestro de colegio. El tema de la amistad es una de las constantes en el cine peruano de estos años (Asu mare, Losers, Viejos amigos, La navaja de don Juan) y sería interesante explorar, en otro momento, el porqué. Aquí sirve para establecer un paralelo entre dos figuras equidistantes pero equivalentes. El locutor de convicciones democráticas, pro-establishment; y el maestro sutepista de izquierda radical, antisistema, no logran entenderse en sus discusiones políticas, donde pierden la paciencia y hasta se insultan. Ambos, sin embargo, son víctimas a un tiempo de SL y las FF.AA., que los arrinconan hasta dejarlos sin salida viable (la fuga y la muerte son sus destinos, y la celebrada escena final de la película -notable por cierto- acentúa el pesimismo de la primera). Ninguna posición política puede responder ante este escenario, pues se ha pasado de las palabras y opiniones o convicciones a la violencia de los hechos. Es en su rol de víctimas que los amigos se reencuentran y se reconocen mutuamente, y es adecuado, pues la amistad suele forjarse en tiempos duros. Al mismo tiempo, la visión que presenta el director sobre la época es bastante oscura, y la amistad es solo una flor dentro del fango asfixiante.

En el momento más grave de la vida, como decía Vallejo, exponemos de qué estamos hechos. Aún ante la amenaza de muerte, nos dice la película, siempre hay una elección, y hay quienes se quiebran, como  Alonso, y quienes son inquebrantables, quienes no están dispuestos a ceder en sus convicciones ni aún a riesgo de su propia vida, y son, por supuesto, los héroes. Ambos hubo en este conflicto, nos dice la película, y ambos son perfectamente válidos, pues no se le puede pedir a cualquiera que sea un héroe; ni tampoco a un héroe que actúe como un cualquiera.

He mostrado el esquema y la moral de esta película un tanto esquemática y moralista, sobre todo porque llega a destiempo. El director relata que el guión “fue preparado en los años 90 y la película recién se ha producido y estrenado luego de casi 20 años”. Y en efecto, la película parece de los años 90, no por su estilo visual, que se ha adaptado, apropiadamente, al cine actual; sino porque el retrato que ofrece del conflicto armado interno está detenido en el tiempo, taxidermizado. No reflexiona, como Magallanes y NN (o incluso Días de Santiago) sobre las secuelas de la guerra, sobre la importancia que tiene para nosotros esa época, especialmente si la hemos vivido, pero también para las generaciones más jóvenes que no la vivieron. La última noticia se ofrece para esas generaciones, como material didáctico ilustrativo para que el maestro (o el padre) reflexione sobre la guerra, pero no incorpora esa reflexión en la entraña del film. Nos muestra una época horriblemente turbia, pero cerrada, distante de nosotros y que hay que recuperar como quien lee un libro de historia.

 

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Acerca de jdetaboada

Arequipeño. Sanmarquino. Doctor en Literatura en Harvard University. Especialista en cine latinoamericano. Profesor en UPC e Investigador en Casa de la Literatura Peruana. Miembro fundador de AIBAL. Email: jdetaboada@yahoo.com.ar
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2 respuestas a La última noticia

  1. Pingback: Wi:k y La última tarde | Palabras mayores

  2. Fernando Rivera dijo:

    Aunque no he visto la película todavía, me parece muy interesante tu reflexión final. Parece que la película se concibió como un relato de intervención y ahora que la parte militarizada del conflicto (por oposición a las secuelas) ha quedado atrás se nota, dices, cierto didactictismo. Me pregunto sobre esa dinamica imposible de controlar. Se concibe un relato bajo cierto marco interpretativo y se lo lee bajo otro. ¿Dónde está la comunicación? Seguimos hablando luego de ver, yo , la peli.

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