Ustedes que jamás vieron mi muerte

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¿Fernando Rivera es un investigador o un escritor? O también: ¿un investigador escritor o un escritor investigador? El día de ayer nos ofreció en la Casa de la Literatura Peruana una charla sobre Violencia política y literatura peruana, y, anunciaba la página web, “cuyo invitado será el investigador Fernando Rivera”.  Cuán natural es presentar a Fernando, debido a su trabajo académico, como un investigador. Y esta veta del trabajo académico, de la indagación acuciosa y el control de los recursos está volcada, así como multiplicada de diversas formas, en esta novela.

Según la RAE, investigar puede ser, en forma general, a) “indagar para descubrir algo”, pero también b) “indagar para aclarar la conducta de ciertas personas sospechosas de actuar ilegalmente”, y por supuesto, c) “realizar actividades intelectuales y experimentales de modo sistemático con el propósito de aumentar los conocimientos sobre una determinada materia”. Pero ya algunos escritores, como Ricardo Piglia, Roberto Bolaño y W.G. Sebald, todos ellos muy relevantes para la apuesta narrativa de Fernando, supieron sacar el mayor provecho de confundir las acepciones y convertir al investigador académico en un tipo peculiar de detective.

Ustedes que jamás vieron mi muerte parte de una premisa clásica del género como motor para hacer avanzar el relato a lo largo de más de 300 páginas: un asesinato misterioso. En la primera página de la novela, se consigna el hallazgo “de dos cuerpos enterrados en las inmediaciones de Challapampa, distrito de Cerro Colorado”, que “podrían haber sido victimados con arma blanca […]” unos diez o doce años atrás. Con ello se detona el espectro de preguntas usuales, empezando por el ¿Quién lo hizo? junto con el cómo y el porqué, pues nada es claro y los indicios son escasos, pero también ¿quiénes eran las víctimas? ¿quiénes los conocieron? El relato revela pronto que un grupo de jóvenes “literatos” hicieron una fogata esa misma noche en un área cercana, de modo que se desatan nuevas preguntas: ¿quiénes eran estos muchachos? ¿qué hacían allí? ¿qué vieron? ¿tuvieron alguna participación -por acción u omisión- en el crimen?

La novela plantea dos líneas de investigación: una externa y otra interna. La externa estará a cargo del periodista que firma la nota original, J. Valencia, quien en una serie de reportajes supuestamente publicados en el diario El Pueblo, e intercalados a lo largo de la novela, recurre a los mejores métodos de indagación periodística (entrevistas con familiares, amigos y empleadores, seguimiento de indicios, consulta de fuentes bibliográficas y archivos) para ir perfilando la vida de las víctimas y las circunstancias en que podrían haberse visto envueltos. Esta investigación podría verse como la más cercana a la tradición del género policial, al imperio de la lógica y la razón como instrumentos privilegiados para descubrir la verdad, pero esta labor ha recaído no en un policía ni un fiscal, instrumentos del sistema que deberían resolver el caso (y recordemos que, por ejemplo, en Abril rojo, el fiscal sí es protagónico, mientras que aquí la única acción de un fiscal es apresurarse a cerrar el caso), ni siquiera en un detective, suerte de justicia alternativa; sino en un periodista, hombre de letras al fin y al cabo, intelectual que puede rescatar el legado racionalista y usarlo para esclarecer las tinieblas. Hay, sin embargo, una serie de mediaciones que nos impiden la plena confianza en que a través de estos medios se logrará resolver el caso. La primera es que no accedemos directamente a los reportajes de J.Valencia sino a una lectura de ellos, a su presentación por parte de un lector que podría ser el narrador de la novela pero que también somos nosotros, un lector que interviene mínimamente para resumir o comentar los reportajes. La segunda mediación la podemos ver en el reportaje de Abraham Kawara, un periodista rival que intenta resolver el caso justamente como un detective razonador y que produce respuestas absurdas. Hacia el final de la novela, aprendemos que quizás lo verosímil (y ya no lo verdadero) sea suficiente.

La segunda línea de investigación, la interna, es la que emprende el narrador, también llamado Fernando Rivera, en un recorrido que lo llevará por cuatro ciudades del mundo: París, Livorno, Madrid, y Arequipa, para hablar con los amigos que estuvieron juntos aquella noche, y preguntarles lo que recuerdan. Es un viaje por la memoria, pues el narrador también estuvo allí y sin  embargo no logra recordar casi nada. Es una investigación sobre lo esquivo y variable del recuerdo, pues cada quien recuerda en forma fragmentada o deformada y la otra vía de esclarecimiento, la reminiscencia, tampoco ofrece respuestas.

Pero hay que precisar que en ninguna de las dos líneas de investigación, ni siquiera en la primera, el relato se muestra ansioso por llegar a la revelación. Todo lo contrario. Como dn el relato de la Odisea, que ofrece las aventuras más interesantes antes de la llegada a Ítaca, porque Ítaca ya no tendrá más que ofrecernos, nos dice el narrador de la novela, quien se demora gozoso en otros relatos, en otras investigaciones, en historias de lo más variadas y no menos acuciosas y apasionantes que la del relato central. Investigaciones como la participación del reportero José Carlos Mariátegui en el surgimiento del Partido Comunista Italiano en 1921; o como el brote de la fiebre amarilla en el Perú en a mediados del siglo XIX. Relatos como la situación de los judíos polacos en los años previos a la II Guerra Mundial, o el código secreto de los dibujos de Guamán Poma, o el origen japonés de los Incas. La novela es una máquina de contar historias, una tras otra, que no solamente iluminan el relato central y a sus personajes, sino que ofrecen una mirada del mundo, de la historia y de la muerte, de esa, que ustedes, jamás vieron.

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Acerca de jdetaboada

Arequipeño. Sanmarquino. Doctor en Literatura en Harvard University. Especialista en cine latinoamericano. Profesor en UPC e Investigador en Casa de la Literatura Peruana. Miembro fundador de AIBAL. Email: jdetaboada@yahoo.com.ar
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