La la land: un musical parametrado

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El musical es uno de los géneros espectaculares del cine; es un género de superproducciones, con grandes despliegues de coreografías. En los años 30, a comienzos del sonoro, Busby Berkeley diseñaba coreografías que formaban figuras geométricas y empleaban gran número de figurantes y ángulos de cámara inusuales para la época. Sólo unos años después, Fred Astaire y Ginger Rogers, con un musical más basado en la destreza individual que en el despliegue colectivo, sacaban chispas a los escenarios.En los años 50, Arthur Freed produjo algunos de los clásicos de la época: Singing in the rain, Eastern Parade, An American in Paris, The Band Wagon. Estos musicales rompieron con una fórmula que se había hecho repetitiva y empezaron a tocar nuevos temas. Hay muchos títulos más que mencionar en las siguientes décadas (West Side Story, Footlose, Jesus Christ Superstar, Cabaret), pero baste decir que para el siglo XXI, el musical sigue vivo y coleando: Chicago, Moulin Rouge, Sweney Todd, Los Miserables.

La la land es el nuevo musical que resplandece con luz propia y que ha deslumbrado por igual a espectadores y críticos. Un crítico peruano lo resume así :

¿El mayor de sus méritos? Evocar el musical clásico, recurrir a su espíritu y sus vestigios para contarnos una comedia romántica moderna que, conforme avanza, se convierte en sutil melodrama. Esa ambivalencia entre lo clásico y lo moderno, entre el pasado y el presente, entre lo grandioso y lo íntimo, entre el gozo y la melancolía es que lo que finalmente nos cautiva.

(también nos ofrece el resumen del argumento)

Y tiene razón el crítico. Todo esto lo hace bastante bien. También es cierto que evoca el musical clásico, pero ¿cuál? ¿qué tipo de musical clásico? El filme es un bosque de guiños cinéfilos, no sólo a musicales, sino también a otros clásicos del cine, como Rebelde sin causa, Casablanca, Bringing up baby y Notorious, que son mencionados en la película. Pero hacer referencias no significa moldear la película en base a ellas. En realidad, de todas las posibilidades del musical, la que se privilegia y reproduce es la del musical a la Fred Astaire y Ginger Rogers, es decir, la comedia romántica, la historia simplísima de “boy meets girl” con poco más que agregar. Ciertamente que Ryan Gosling y Emma Stone no despliegan un talento equiparable al de la pareja de baile más famosa de la historia del cine,  pero eso no es lo problemático, porque al fin y al cabo hay una gran química entre ellos.

El musical, sobre todo los mejores de entre ellos, es un género que tiende simultáneamente hacia dos direcciones opuestas. Por un lado, la estilización, que conlleva muchas veces hacia la idealización. Que alguien, de pronto, detenga su accionar normal y se ponga a bailar y a cantar es algo irreal, y una razón por la que muchos detestan los musicales (cabe anotar que algunos musicales, sobre todo los más tempranos, naturalizan este hecho presentando los números musicales como espectáculo de un teatro, y el resto de la trama sobre la producción del show: metadiegético). Pero dentro de ese lenguaje estilizado, el musical también mira, por otro lado, al mundo que lo rodea. Singing in the rain (1955) es una historia sobre los comienzos del sonoro (1928-29). West Side Story (1961) anticipa el crecimiento de la población latina en el país del norte, enfocándose en una pandilla de puertorriqueños en oposición a los americanos. Incluso, Grease (1979) o Saturday Night Fever (1977) apuestan por la juventud de la época; son rebeldes, modernas; hablan del conflicto intergeneracional, entre otras cosas. Para no hablar de Bob Fossey su alucinante relato de la nazificación de Alemania en Cabaret (1972).

La la land no mira hacia nada de esto, no ofrece un retrato de nuestra época. La única conversación contextual es una cena en donde el próximo-a-ser-exnovio de Mia conversa con un socio o amigo sobre unas vacaciones en China, y deja deslizar algunos prejuicios culturales sobre Nicaragua. Mia está muy poco interesada en semejante conversación, al punto que la misma le hace decidirse a abandonar a su novio para encontrarse con Sed. Por otro lado, los números  musicales, (que tampoco son tantos), con excepción del primero, el del baile en el atasco de tráfico, que sí recoge la tradición más espectacular y busby-berkeliana del musical, son bailes y canciones de una o dos personas en un espacio circunscrito e inmóvil. La la land es un musical cerrado en sí mismo, parametrado a la historia de amor que decide contar, evitando alzar más la visión.

Richard Brody ha notado que el personaje de Mia está casi privado de background, de una historia personal. Lo único que sabemos de ella es que su tía, una actriz, la introdujo a las películas clásicas. Que dejó la universidad para perseguir su sueño en Los Ángeles. Y eso es más o menos todo. Sus acciones se muestran en montajes sin diálogos. En la cena mencionada antes, no dice una palabra. Cuando presenta su monólogo teatral, So long Boulder City, que por el título debe referirse a la partida del hogar paterno, no se muestra una sola escena de la obra, ni de su preparación, escritura o ensayos. Solo importa el auditorio, para mostrar que él no ha podido llegar. La heroína del film es pura acción y reacción, sin vida interior, con un solo móvil inquebrantable: la fama.

Por otra parte, Sed es un músico de jazz congelado en el tiempo, específicamente en la era del jazz clásico que va de la década del 20 al 50. Su sueño no es, como el de Mia, ser famoso o tener una gran carrera musical, sino tener su propio club de jazz, en uno de los lugares icónicos de esa época, en donde sólo se toque la música que a él le guste. Una cápsula de tiempo, en el sótano de un edificio. Cuando empieza a tener éxito, a ir de gira, grabar discos y dar entrevistas y sesiones de fotos (esta última, la razón por la que no pudo ir al estreno de Mia), con una banda de un jazz más pop y electrónico, The Messengers, aparece su novia Mia para recordarle, un poco agriamente, que ese no era su sueño, casi reprochándole por vivir la fantasía de ella en vez de la suya propia. La ideología de los sueños, que mezcla el sueño americano y la fábrica de sueños del cine, no admite apelación alguna. En cuanto a Sed, Keith, su amigo de juventud y líder de los Messengers se las canta con toda claridad:

“You’re so obsessed with Kenny Clarke and Thelonious Monk—these guys were revolutionaries. How are you going to be a revolutionary if you’re such a traditionalist? You’re holding onto the past, but jazz is about the future.”

La la land es un musical que sobresale en la forma y se vacía de contenido; que celebra al cine como una fábrica de sueños – y de referencias cinéfilas- y una cajita de música. Es un musical que recoge un brillo del pasado y lo extiende hasta el presente, pero que no habla sobre el pasado ni sobre el presente. Es la renovación de un género, pero al mismo tiempo, el recuerdo de que éste ha vivido mejores momentos.

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Acerca de jdetaboada

Arequipeño. Sanmarquino. Doctor en Literatura en Harvard University. Especialista en cine latinoamericano. Profesor en UPC e Investigador en Casa de la Literatura Peruana. Miembro fundador de AIBAL. Email: jdetaboada@yahoo.com.ar
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Una respuesta a La la land: un musical parametrado

  1. Gerónimo de Souza dijo:

    Tu opinión me parece justificada, lo cual puede caer mal a alguno que se emocionan con un musical que rememora tanto a los de la antigua escuela. Tal vez ese sea el pecado, porque no muchos conocen a los clásicos (quizá solo los filmes Cantando bajo la lluvia o Molino Rojo). Si buscas en Youtube, verás reseñas muy favorables hacia esta producción, al punto de afirmas que marca un antes y un después en el cine. E.g.:

    Un saludo.

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