Avenida Larco

avenida larco la pelicula

La primera escena de Avenida Larco sintetiza muy bien el espíritu del conjunto de la película. Vemos unos escolares en su último día de clases, que después de declarar lo que quieren hacer en el futuro (4 de ellos, los protagonistas, se declaran músicos) irrumpen en un estallido musical de canto y baile que recuerda -y no poco- las coreografías de Grease y otros tantos musicales americanos de adolescentes, (por no hablar de videoclips con la misma temática). El estudiado caos, el acompasado desenfreno, la destellante alegría y energía de la juventud expresada a través de la música, todo eso está muy bien realizado, y agrada, pero no sorprende, porque ya lo hemos visto muchas veces antes. Lo que sorprende es la canción que están cantando y que genera tanta euforia coordinada: es nada menos que “Al colegio no voy más“, clásico tema de Leuzemia, bruscamente contestatario y subte, que cuestiona furiosamente todos los valores que la sociedad pretende inculcar en sus pupilos mediante la escuela. Para los adolescentes de los 80, que cantaban a gritos estas estrofas como un puño al “sistema”, hubiera sido inconcebible ver representada esta canción con una coreografía de rebeldía pop. Y más inconcebible aún ver al mismísimo Daniel F. beatificar la puesta en escena con su participación como el profesor (nada menos) de este grupo de escolares.

Avenida Larco es Locos de amor con canciones de rock peruano de los 80, en vez de baladas románticas archiconocidas. Pero lo complicado es que no pretende ser eso, sino, aparentemente, mucho más. Pretende ser un retrato de época, pretende abordar los difíciles temas de la violencia política y la discriminación, pretende denunciar a la autoridad patriarcal y política (que al final del relato resulta que siempre tuvo razón), pretende dar un mensaje de unidad, pretende contar una historia del despertar de la conciencia y el encuentro con la otra cara del país.

Los que vivimos en los ochenta escuchando estas canciones, sabemos que el rock peruano no consistía en una serie de bandas intercambiables, sino en circuitos diferenciados de circulación y consumo, muchas veces irreconciliables. En la década de oro del rock en el Perú, éste no era, como es hoy, la música que escuchaban solo los rockeros, un género cercado por la cumbia, el reggaeton y el hip hop. En los ochenta el rock era el ritmo general, lo que todos escuchaban, el maleable lenguaje que podía mezclarse con la música andina o la chicha, o podía desbastarse con la rudeza incendiaria del punk. En la antología Crónica del rock peruano, editada por el grupo El Comercio (2001), por poner un ejemplo, se considera 4 líneas de desarrollo: Modern Rock, Pop Rock, Rock Alternativo y Rock Fusión. Esto tenía sentido porque estos circuitos tenían relativamente poca comunicación entre sí. Sólo los 2 primeros sonaban en la radio y los alternativos, o mejor, subte, le tenían una rabia furiosa a los conjuntos más visibles del medio, que consideraban inauténticos. Recordemos los famosos monólogos de Daniel F. contra Los Zopilotes, por ejemplo. Es cierto que en los 90 se establecieron algunos puntos de contacto y se rompieron algunas barreras, pero juntar a Leuzemia con Rio, y a Narcosis con Arena Hash, como hace la película, parece demasiado.

En cuanto a la visión política del film, la trama nos muestra un grupo de rock subte sanisidrino (¿podría haber existido tal cosa en los ochenta?) preocupados porque el apagón general de la ciudad podría impedirles participar de un concurso para elegir a la mejor banda de rock. Felizmente el apagón no ha afectado a Miraflores, y hacia allí se dirigen para pasar la primera etapa del concurso. Luego irán a El Agustino y al final a la Plaza de Acho, pero su interés primordial parece ser siempre la música y no la política. En una escena en donde están discutiendo su participación en una marcha y uno de ellos no parece muy convencido de asistir, su enamorada le espeta: “Pero si todas sus canciones tratan de política”. A lo que él responde: “Es que las canciones las escribe Andrés”. Lo que no saben Wicho ni su enamorada es que la verdadera motivación de Andrés para asistir a la marcha es para impresionar a la chica que le gusta, a la que quiere demostrarle su compromiso social. Las letras de Los Saicos, Narcosis y Leuzemia, de un cuestionamiento radical del poder, poco tienen que ver con este cuarteto de jóvenes burgueses preocupados casi siempre por problemas estrictamente personales, ya sean relaciones de pareja o conflictos intergeneracionales con sus padres. Esos son los verdaderos resortes narrativos de este musical, como lo eran también en Locos de amor, con menos pretensiones y por ello mejores resultados. Los temas “sociales” no logran integrarse con los personajes y se quedan en lo didáctico, en el mensaje de pizarrón.

Al final, y esto es lo más triste, quizás Avenida Larco tenga razón, y el rock peruano se ha convertido en una licuefacción en donde todo da igual y “Estar en la universidad” es tan contestataria como “Sucio policía”, y “Lo peor de todo” comunica sentimientos tan complejos como “Decir adiós”. Quizás, también,  la violencia política que puso en jaque al país en esos años ha terminado reducida a unos cuantos íconos, a una simbología de los apagones, la hoz y el martillo alumbrando los cerros, pintas en las paredes de la universidad, cosas así, e imágenes granulosas de noticieros y documentales que acompañan a la película para darle mayor “realismo”. Quizás sea suficiente mostrar algunas imágenes emblemáticas y sobrecodificadas para creer y hacer creer que estamos retratando y hasta entendiendo lo que pasó en esos años cruciales de nuestra historia. Pensar realmente en lo que pasó y en cómo pudo ser posible, es acaso más de lo que puede hacer un musical (habría que ser Bob Fosse para hacerlo) pero es justamente lo que prometía Avenida Larco y que, por supuesto, no llega a cumplir.

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Acerca de jdetaboada

Arequipeño. Sanmarquino. Doctor en Literatura en Harvard University. Especialista en cine latinoamericano. Profesor en UPC e Investigador en Casa de la Literatura Peruana. Miembro fundador de AIBAL. Email: jdetaboada@yahoo.com.ar
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3 respuestas a Avenida Larco

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